Me lo hago fácil 29 de enero de 2026

Me lo hago fácil

29 de enero de 2026

Por Ángel Dehesa Christlieb

Un domingo, estando herrando
se encontraron dos mancebos
echando mano a sus fierros
como queriendo pelear.

Yo no sé a ustedes, pero, a mí, cuando era un pequeño escolapio, me enseñaron que la política, especialmente la que se ejerce en un régimen que se ostenta como democrático, no debería estar orientada a atizar el encono, subrayar las diferencias y, en general, fomentar la desconfianza, la ira y la agresión entre las personas.

Eso me dijeron.

Me contaban que personas como Benito Juárez, que, como cualquier ser humano tuvo sus aciertos y sus errores, dijo aquello de “el respeto al derecho ajeno, es la paz” y, aun hoy, es citado por cualquier persona que quiera ejemplificar cómo se debe comportar un político.

Juárez, Mandela, Gandhi, King y tantos otros, tienen calles, monumentos y fechas del calendario dedicados a ellos, pero, al parecer, su legado ya se quedó en letra muerta.

Los citados personajes distan mucho de quienes ahora son elevados a posiciones de poder, muchas veces a través de mecanismos democráticos.

Los actuales “líderes mundiales”, se parecen más a Tin Tan, en su personaje del “Rey del Barrio que, en cuanto llegaba a un lugar encaraba a alguien y le decía “tons qué, “tons qué”, o a Sam Bigotes, de las caricaturas de Bugs Bunny, el cual, a la menor provocación, sacaba la pistola y decía que era el “más malo al norte, sur, este y oeste del Pecos”.

Hoy, de polo a polo, lo que rifa y legitima en la política es ver con cuántas personas me puedo pelear al mismo tiempo, cuántos pleitos puedo buscar, por la razón que sea y cómo puedo convencer a mis electores de que, siempre, siempre, desde las oscuras regiones del pasado, hay “adversarios” a los cuales hay que contener porque, “si conmigo estás mal, con ellos estarás peor”.

O sea, según ese pensamiento, bien, bien, lo que se dice bien nunca voy a estar, solo hay, en orden descendente: mal, peor y “del lado correcto de la historia”.

Los ungidos de hoy nunca definen claramente quiénes son los “adversarios”, ni tampoco quién es exactamente ese “pueblo”, a cuya “voluntad” dicen ellos estar plegados y, sorpresa, sorpresa, casi siempre dicha “voluntad” coincide con los postulados, proyectos o medidas que ya tenían pensado implementar, lo cual nos ahorra mucho tiempo, especialmente si me dedico, con vocación de hiena carroñera, a desmantelar cualquier tipo de contrapeso o mecanismo de rendición de cuentas y, además, tengo una oposición más endeble que argumento de Adán Augusto.

Lo efectivo hoy no es un discurso con fondo, no, lo que funciona es la propaganda con algún eslogan que venda: “hagamos a América grande otra vez”, “la cuarta transformación”, “juntos somos fuertes” y demás frases hechas, repetidas hasta el cansancio, por todos los medios posibles, hasta que nadie se quede sin oírlas.

Claro, si este eslogan viene acompañado de algún “apoyo social”, entregado bajo la fotografía del amado líder, para dar la impresión de que, eso que te dan, lo pagó “el padrecito” o “la madrecita”, quitándose el reloj Cartier de su muñeca, o la bolsa Louis Vuitton de su hombro, porque, él y solo él ve por ti, pues qué mejor para comprar voluntades.

Si alguna medida es controversial, está hecha al vapor o, simplemente, hay quien argumenta que se puede hacer mejor, salen a vociferar, por todos lados, que “necesitamos Groenlandia por seguridad nacional”, “la democracia mexicana nos sale carísima”, “hay que recuperar nuestra antigua grandeza”, “Alemania necesita espacio vital”.

Quien se oponga a ello, no importan las evidencias que presente, lo hace porque, en el fondo, tiene un interés más negro que la conciencia del Chapo Guzmán y, por lo tanto, no merece más que la cancelación, desprecio o la agresión de parte de los que sí son verdaderos “patriotas”.

Si la realidad los contradice, pues el problema es de la realidad, no de ellos y, si alguna responsabilidad existe, es de los que vinieron antes, “los neoliberales”, “los prianistas” y “los que perdieron sus privilegios”.

Además, cómo me atrevo a criticar a los de ahorita, si antes “no decía nada”, porque “aunque ahora los ministros compren camionetas de narcomillonario, los de antes gastaban más” (está por verse, pero también sabían hacer su trabajo y se manejaban como un poder independiente, digo, eso son minucias).

Con el actual modelo de político, si Gandhi, Mandela o King se presentaran hoy como candidatos a algún puesto de elección popular.

¿Tendrían oportunidad?

Ahí les dejo ese torito.

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