Me lo hago fácil 2 de abril de 2026

Me lo hago fácil

2 de abril de 2026

Por Ángel Dehesa Christlieb

¿Soy suficiente?

Es una pregunta y una duda que me corretea desde que tengo uso (aunque no siempre empleo) de razón.

Ahí donde me ven, desparpajado y seguro de mí mismo, con mi aplomo de hombre de verdad y una convicción comparable a la de cualquier Morenista cuando le dicen que AMLO es infalible e incuestionable, todos los días me levanto y no me siento a la altura de lo que la vida me solicita.

Según la religión de mis padres, hoy jueves santo Jesús tuvo el último convivio con sus apóstoles, el cual, independientemente de su condición divina (si es que la tuvo), debe haber sido algo triste para él, porque apartarse de los compañeros y amigos con los que has pasado buenas y malas no debe ser fácil.

Máxime sabiendo que uno de ellos te jugó chueco.

Quizá, dentro de su condición humana, Jesús pensaba “pinche Judas ¿qué no le bastaron los caminos que recorrimos? ¿los momentos que pasamos en la misión que ambos escogimos? ¿tanto vale el dinero como para traicionar mi amistad?”

Luego estaba Pedro, leal, arrebatado, pero duro de convencimiento como la piedra de la cual sale su nombre.

A pesar de haber sido testigo una y otra vez de los milagros que llevaba a cabo su maestro, Pedro siempre fue asaltado por la duda y, cuando le llegó la presión, negó a Jesús tres veces, tal y como el nazareno se lo había vaticinado.

Hasta Jesús, que venía avalado por la mismísima divinidad, sufrió de angustia y ansiedad.

Sabía lo que le iba a pasar y, con lágrimas en los ojos y el corazón apretado, le pidió a su padre el favor de no hacerlo pasar por más dolor del necesario o, de plano, que mejor no hubiera dolor y ya.

Así como estos dos personajes, hay tantos otros que conozco y admiro que han hecho y hacen cosas maravillosas, algunos son famosos, la mayoría no, pero, por las maravillosas coincidencias de la vida, a mí se me ha dado conocerlos y compartir sus historias.

Ahí están mis queridas Ana y Oryana, que cuidan a sus hijos porque la vida decidió que las necesitarían más de lo que normalmente ocurre y ellas se la rifan todos los días

Mi amigo Sergio que escribe cada vez mejor, tuvo una vida difícil y, sin tener ni obligación, ni beneficio, decidió crear una fundación (de esas que tanto le molestan al gobierno de hoy), para ayudar a que las personas mayores vivieran mejor.

Mi tía Mercedes, la de la hermosa voz y la sonrisa fácil, que nunca pierde la capacidad de ilusionarse y divertirse como una niña, que pinta huevos de Pascua dignos de ser exhibidos en cualquier museo o escaparate del mundo y es una devota madre y abuela.

Así como Jesús, Pedro y yo mismo, estoy seguro de que todos los que nombré y también muchos de ustedes, que tienen el buen gusto de leerme y me hacen el favor de interactuar conmigo, tienen días en los que no se sienten con los ánimos o los recursos para hacer o ser lo que la vida les pide… pero se levantan y lo hacen.

Saber que no soy el único que se pregunta cada mañana si “tengo lo suficiente” me hace sentir mejor y me inspira cada mañana a levantarme a llevar a cabo el gozoso esfuerzo de ser más feliz hoy de lo que fui ayer.

Algunos días lo logro, otros no.

Para estos últimos, tengo presente otro de los evangelios de mi niñez, Mafalda de Quino, específicamente esa viñeta que dice “si para manejarse a uno mismo hubiera que rendir examen ¿quién sería el machito que tendría el carnet?”

¿Soy suficiente?

No lo sé, me basta con ser yo, que ya es bastante.

Soy mi propio juez y mi propio verdugo.

Hoy elijo tenerme compasión y ser mi propio salvador

Gracias a todos ustedes que me inspiran con su ejemplo.

Felices Pascuas.

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