Me lo hago fácil
5-6 de mayo de 2026
Por Ángel Dehesa Christlieb
Hoy, en el ocaso del día en que las armas nacionales se cubrieron de gloria, tal cual rezaba la frase del general Ignacio Zaragoza, quien alguna vez engalanó los billetes de 500 pesos, siento la necesidad de evitar que me salga un grano en la lengua.
Esta era la expresión que usaban mis abuelas cuando hablaban de algo que, si no lo ponías en palabras, te iba a hacer explotar o, para citarlas textual: “si no lo decías, te sale un grano en la lengua ¿verdad”.
Así que, sin querer herir sensibilidades y haciendo siempre patente mi agradecimiento a todos y todas las que se toman el tiempo para leerme, les quiero decir que YO NO HEREDÉ MIS HABILIDADES DE ESCRITURA, SEAN MUCHAS O POCAS, DE MI PAPÁ.
Dicen también las abuelas que “elogio en boca propia es vituperio” y sé muy bien que la gente que me dice eso (lo de mi papá, no lo de mis abuelas) lo siente como un cumplido, pero, por favor, denme tantito crédito.
Por supuesto que en mi casa siempre hubo un ambiente propicio para la lectura y la escritura, había y hay gran cantidad de libros y textos y mis papás (AMBOS) nunca nos negaron la posibilidad de comprar un libro, de ir a un museo o de aprender algo que nos inquietara.
Una vez establecido esto, también quiero contarles que, por extraño que parezca, la escritura y yo no tuvimos un inicio agradable.
Cuando comencé a escribir en la primaria, mi caligrafía dejaba bastante que desear y a mí, que venía de una casa donde las letras ponían comida en la mesa, eso me mortificaba como la realidad a los morenistas.
Por alguna razón no determinada escribo con la mano derecha, pero cojo la pluma o el lápiz como zurdo, lo cual me cansa mucho, además de impedirme el uso de las elegantísimas plumas Parker que le gustaba emplear a Germancito, porque al escribir paso el canto de la mano sobre la tinta fresca y se corre toda.
Mis papás, a instancias de las altas autoridades del Colegio Madrid, me llevaron con una especialista en temas de desórdenes de aprendizaje, lo cual no se estilaba en los años 80.
Ella, después de varias pruebas y pláticas, determinó que no tenía nada que ella pudiera corregir, para regocijo de mis progenitores quienes tuvieron que comer galletas Marías y boing de guayaba un mes para pagar sus honorarios.
Por eso no me gustaba escribir, aunque, en cuarto año de primaria, con un texto hecho a máquina, gané el primer lugar del concurso de ensayo de la escuela, lo cual me valió una felicitación de la directora general que, dicho sea de paso, era mi adoradísima madrina Cristina Barros Valero, aunque debo aclarar que ella no intervenía en el dictamen del concurso.
Luego… la sombra tutelar, mi padre escribía y escribía muy bien, cosa que no se cansaba de repetir cada vez que alguien intentaba emularlo en la casa.
Creo que han pasado suficientes años y sesiones de terapia para poder decir, sin menoscabo del amor que siento y sentiré siempre por él, que Germancito, en ciertas circunstancias, tenía unos arranques de ira comparables a los de Cruz Treviño de la Garza, el inolvidable personaje de Fernando Soler en “La oveja negra” y en “No desearás a la mujer de tu hijo”.
Nunca dijo explícitamente aquello de que “no es natural que un hijo quiera ser más que su padre”, pero lo actuó hasta los últimos días de su vida.
A mi papá, que Dios lo tenga en un cuarto con Mauricio Achar, unas fichas de póker y el NFL Game Pass, no le gustaba compartir los reflectores, ni aceptaba que le hicieran sombra de ninguna manera.
No es juicio, no es denuesto, nomás es la pura verdad.
Pasaron casi 15 años desde su muerte para que yo, impulsado por él desde donde sea que esté, me decidiera a escribir, lo cual ocurrió cuando volví a leer sus columnas para seleccionar aquellas que integrarían el espectáculo homenaje que le montamos con mi querido Virulo.
Ya llevaba yo años escribiendo guiones y textos varios para diversas instancias, pero nunca lo había hecho desde el corazón hasta que, concluido el diálogo entablado con mi papá a través de sus letras, me animara a intentarlo y, sobre todo, a publicarlo.
Le agradezco infinito a él y a mi mamá el que me hayan mostrado el camino de las letras, el cual yo decidí transitar desde hace un tiempo con más galanura que ordinariez, espero.
Pero de ahí a que me digan o que la gente piense que, así como en el bautizo de la Bella Durmiente, él se acercó, me dijo “heredarás el don de la escritura” y ya, mágicamente, estaba yo hilando frases geniales y llenando cuartillas de agudísima prosa… tampoco.
Algún crédito denle a este pobre tinterillo al cual la herencia más valiosa y atesorada que le dejó su padre no fue su don para escritura, sino ustedes, ustedes que lo leían a él y hoy me leen a mí.
Espero lo sigan haciendo por mucho tiempo.
El grano abandona mis papilas gustativas y mi alma descansa.
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6 comentarios
Te felicito de manera personal al abordar el tema … Claro es que no s te compara con el maitro … Lo que pasa es que es un placer seguir a alguien que dice lo que piensa… Muy en estos tiempos de hipocresía y mentira . Tienes un tema. Placer.. agarre.. punto o estilo.. muy diferente a tu señor padre que este en la gloria de la señora . Mientras no se aparezca el señor …. Y por tanto .. te seguimos .. punto aparte que uno es chismoso y quiere saber que hay detrás de tu pluma . Eres grande perse y ánimo … Aquí estamos para echarte la leída de siempre …. Un abrazo…..
Me gustó mucho tu artículo, no es fácil ser hijo de alguien que fue admirado. Gracias por compartirnos . Dejar de ser visto por ser el hijo del célebre escritor es un trabajo arduo y el plasmarlo más.
Desde que te conozco siempre me ha gustado como escribes, no he tenido necesidad de compararte ni con tu padre ni con cualquier otro escritor, tienes tu propia personalidad.
Va un saludo afectuoso.
Es un placer leerte hoy en dia, como lo fue con tu padre. Gracias por aventurarte a sus escritos y recibir la orientación a tu camino, que hoy en día. Felicidades !! Y un fuerte abrazo.
Saludos
¡Gracias por escribir Angel!
Angel:
Nosotros fuimos tu herencia
Germán nos endosó sin querer, pero
El hecho de descubrir tu ingenio
Logró que te amemos también♥️
Me encantan tus escritos Angel, muy ingeniosos, precisos y describes verdades. Nunca desees de hacerlos
Como siempre, es un placer leerte estimado Angel. Así es que forzado por los muros de la herencia familiar terminaste escribiendo, para fortuna nuestra y no sólo por la presión familiar, sino porque no puede haber producto literario sin el aporte del autor, como en tu caso. Saludos.