Me lo hago fácil
7 de mayo de 2026
En todos lados se cuecen habas.
O se practica la política estridente, efectista y de provocación, tal y como lo hemos podido ver con la visita de la señora Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, la cual emplea las mismas, las mismitas tácticas y modos que usaron y usan los de MORENA con gran éxito.
Ya sería tiempo de dejar atrás la gran falacia de que el totalitarismo, la intolerancia y la brutalidad son privativos “de la derecha” y de que el solo hecho de ser (o proclamarte) “de izquierda”, te vuelve, así, por mandato del Santo Señor de la Chingada, mejor político o mejor ser humano.
Maoísmo, Stalinismo, Castrismo, Khmer Rouge, la historia está llena de ejemplos de gobiernos que surgieron “desde el pueblo”, los cuales, incluso derrocaron dictaduras y que, con el tiempo, acabaron convirtiéndose en aquello que proclamaban combatir.
Con la salvedad, claro, de que ellos “si tienen la razón y están del lado correcto de la historia”, por lo tanto, cuando ellos hacen purgas, reprimen el pensamiento crítico, acotan libertades o son sorprendidos en actos de corrupción son “víctimas de los reaccionarios que perdieron privilegios” o, sin importar que la evidencia sea apabullante “no son iguales y no hicieron lo que hicieron”.
Suena ilógico y lo es, porque para los totalitarios, de derecha o de izquierda, la realidad y la razón están supeditadas a su ideología y, a pesar de que se ostentan como democráticos, emanados del pueblo y demás retórica de manual, están firmemente convencidos de que las leyes que nos rigen a todos no aplican para ellos y exigen que se crea ciegamente en su palabra porque ellos “sí son buenos”.
Todo este rollo que les eché, como dijo el inventor del papel de baño, es para sustentar mi firme convicción de que tanto la señora Ayuso, como el militante morenista promedio, son caras de la misma moneda, las cuales, además, requieren el uno del otro, porque siempre necesitarán alguien con quien pelear, “un extraño enemigo” con el cual meternos miedo, justificar su existencia y el mantenerse pegados a la ubre del erario.
Volviendo a la visitante de ultramar, para mí ella es libre de venir, subirse en su cajita de jabón y decir las barbaridades que quiera, por algo somos un país con libertad de expresión y, ojo, el que critique al régimen no nos “ofende a todos los mexicanos” e incluso los que están con MORENA, deberían tener la piel más gruesa y no darse por aludidos, porque eso es exactamente lo que busca la señora Ayuso.
Y lo que buscan los de MORENA también, porque cada minuto y cada línea que dedican los medios y las redes para publicar los “ella dijo y ellos le contestaron”, les funciona como distractor para que no preguntemos: ¿y Rocha Moya? ¿y el derrame en el Golfo? ¿y los bienes de los López?
Triste papel, eso sí, el que se adjudicó el PAN en esta telenovela, facilitándole tribuna y reflectores a la agitadora madrileña, la cual los usará y “saldrá del grupo” de whatsapp en cuanto se suba al avión, sin volver a acordarse ni de cómo se llamaban los tontos útiles que la cobijaron.
No es de extrañar, hace mucho que el blanquiazul y sus líderes solo buscan mantener su raquítico huesito y ya nomás quieren llamar la atención haciendo circo, maroma y teatro.
Todo, menos política.
Lo que realmente me parece triste y urgente es que, tanto los de derecha como los de izquierda, nos hayan hecho creer que, en política y gobierno, solo hay de dos sopas y, si no estás con uno, por fuerza apoyas al otro y eso te convierte en “traidor a la patria”, porque “la patria son ellos”.
Yo no quiero pagarles a funcionarios públicos “ungidos” para que me vengan a explicar y a imponer su “verdad incontestable”.
Yo quiero mi nieve de limón y quiero que me gobiernen seres humanos que me escuchen, que escuchen a los que no piensan como yo y construyan puentes para poder llegar a acuerdos aceptables para todos, desde la humildad y la inteligencia de quien sabe que no sabe todo, pero está dispuesto a aprender.
Exijamos a nuestros empleados que trabajan como gobernantes, una política de escucha y concertación, no de confrontación a rajatabla.
Involucrémonos en su toma de decisiones y en la fiscalización de su trabajo, porque de eso va el ser ciudadano.
Así se acabarán las Ayusos y las Sheinbaums, los Trump y los Noroñas o, por lo menos, se tendrán que rascar con sus uñas y no con las nuestras.
Yo digo
Feliz jueves
Si quieres recibir esta columna en tu celular, escríbeme un whatsapp al 55 2699 5827 y yo mismo te agrego a la lista de distribución.
2 comentarios
Detesto a los políticos, por abusivos rateros y malditos.
Tienes razón, los «ismos» de las ideologías, manipulan y afectan el desarrollo, la convivencia y la felicidad como objetivo último de la existencia