Se me hizo fácil 2 de septiembre de 2025

Se me hizo fácil

2 de septiembre de 2025

Por Ángel Dehesa Christlieb

Yo fui educado en un hogar cuya tradición teutónica, mexica y judeocristiana dictaba que cualquier dolor, imperfección o equivocación debía sufrirse en silencio, no ser revelado ante nadie y corregido inmediatamente, aunque fuera en apariencia, para que la imagen que se mostrara ante el mundo fuera siempre una de “perfección”.

Todavía en fechas muy recientes, cuando comencé a escribir estas columnas y a publicar en redes sociales, se me advirtió de la imprudencia de revelar mis carencias, errores, miedos o tristezas, so pena de que “me definieran” o “de que solo atraerás más, porque ese es el mensaje que le mandas al universo” o “de que el mundo solo abraza a los ganadores”.

En mi caso es peor la cosa porque, como yo he decidido dedicarme al coaching de vida, o sea a buscar la felicidad a través de ayudar a otros a encontrar herramientas para conseguir la suya, entonces menos debo revelar mis flaquezas, porque me convierte en el equivalente del nutriólogo panzón o del respetado terapeuta de pareja que lleva seis matrimonios.

El recibir dicha programación desde la infancia y escuchar estas cosas dichas por personas a las que amo y me aman (de eso no tengo duda), me creaban un conflicto existencial semejante al de los domingos de flojera cuando uno, echado en la cama y con necesidad de salir a buscar sustento, decía: “¿será que sí me baño o me voy directo sobre el desodorante y la loción?”.

Hoy estoy seguro de que prefiero revelarme como un ser humano con muchas, muchísimas correcciones y ajustes que hacer, reconciliándome cada día con la posibilidad de equivocarme y la no siempre alcanzada conciencia de la responsabilidad que tengo conmigo mismo de procurar mi bienestar (el de “a de veras” no el que se cobra cada mes a cambio de tu alma), porque, si no lo hago yo y lo dejo en manos de otros o lo condiciono a sus opiniones o aprobación, entonces nunca voy a ser suficiente.

Esto no es una excusa para decir “pos así soy y ya ni modo” y mucho menos una apología de la queja estéril, que tan rentable me y nos resulta a los mexicanos para justificar el fracaso, la negligencia con nosotros mismos y con los demás e incluso puede sustentar triunfos electorales y transformaciones de cuarta.

El reconocer y aceptar es el primer paso, en el que muchos se quedan para hacer campaña, pero yo estoy consciente de que después lo que toca es, como dijo el grillo, dar el salto.

La primera escala en ese camino para sanar, corregir y mejorar es la de darme cuenta de lo difícil que es reconciliarme y desprenderme de los (ya no “mis”) miedos, de los traumas del pasado o de los paradigmas torcidos que sostienen la frágil estructura de la que me agarro con uñas y dientes para operar en el mundo, evadir mi responsabilidad de mejorar y tener esa falsa imagen de “perfección” y “seguridad” que tan importante me parece ante los ojos de los demás.

Hasta hoy he preferido sufrir y verme bien en un castillo de cartas en lugar de bajar la cortina, levantar polvo, sacar la basura y crear estructuras firmes para que la mejora sea real y notoria, sin importarme que los otros no me concedan el derecho a andar mugroso e incompleto por un rato.

Y con esa mentira puedo durar infinitamente, solo, en pareja, en colectivo… ojo, digo durar porque, para mí, eso no es vivir.

Yo ya no quiero durar.

¿Querrías vivir conmigo…?

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1 comentario

  • Gladys Khoury Valdés dice:

    Como siempre me arrancas una sonrisa y/o una reflexión grs y cambiando d tema, q envidia me dan los capitalinos que pueden asistir a ese espectáculo, o como se le diga, d Angel y Virulo, ¡no se lo pierdan! Acá donde vivo la única diversión es playa y alberca… d cultura ni hablemos. Saludos

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